12
Jun-2017

Uke, aquel que vive

Aikido   /  

La labor del uke es muy importante…

Quise comenzar con esta frase ya que a veces el uke es solo visto como la persona que recibe la técnica, quien cae al final o quien sufre el dolor de una inmovilización.

受け, la persona que “recibe”, su labor va más allá de simplemente esperar pacientemente el momento de recibir la técnica y caer. Cuando vemos por primera vez una clase de Aikido nos impresionamos al ver como en ocasiones este uke sale volando por los aires luego de recibir una técnica, o por lo menos eso me pasó cuando comencé mi camino en el Aikido, para luego levantarse y volver a prestar su cuerpo a aquella persona que lo está lanzando de un lado a otro del tatami. La mayoría de las veces este uke se ve muy tranquilo, como si en realidad quisiera o esperara el momento para encontrarse con el suelo y como principiante te preguntas: ¿por qué pasa esto? ¿por qué esa persona quiere que lo golpeen contra el suelo o que le causen dolor? ¿por qué no se defiende, acaso este no es un arte marcial? Estas y muchas más preguntas pasan por la mente del principiante, preguntas que serán realmente respondidas cuando este principiante recorre el camino del uke.

Me gusta ser uke, mucho más que ser nage (投げ, el que arroja), tori (取り, el que toma) o shite (仕手, el que hace), me alegra y emociona cada vez que Sensei me llama para ser su uke, lo espero con ansias cada vez que me encuentro con él y aunque mis piernas no respondan por el cansancio en ocasiones, lo sigo esperando, intentando sacar energías de donde no las tengo para poder ser un buen uke. Aprendo mucho siendo uke, aún más que siendo nage. ¿Por qué? Se preguntarán, bueno, intentaré responder a esa pregunta con las palabras que seguirán a continuación.

El uke entrega y confía su vida cada vez que practica con alguien, da un poco de su energía para que la persona con quien está entrenando tenga material para trabajar, si no fuera así daría lo mismo entrenar con una esterilla de bambú enrollada, un objeto inanimado que no responde, que se queda impasible esperando lo que haya de venir a su encuentro, o entrenar solo, con el vacío, ¿por qué no? si el vacío tampoco me va a entregar nada… Aquí comienza la labor del uke y su importancia en el Aikido, con esa entrega inicial, con esa energía que está tomando prestada del universo, canalizándola por su cuerpo y entregándosela a aquella otra persona que está frente a él para que la moldee, le de forma y vida en la imagen de una técnica de Aikido.

Pero el trabajo no termina ahí, claro que no, una vez uke ha entregado esta energía inicial debe mantener su flujo por medio del contacto con su compañero, en el momento en que este contacto se pierda toda esta energía se disipará y se perderá para no ser vuelta a utilizar jamás por la misma persona. Debemos ver esta energía como un recurso limitado para poder sacarle el mayor provecho posible cada vez que la podemos utilizar.

Pero aquí puede surgir una nueva pregunta: el contacto ¿qué es? Y la respuesta no es fácil, como no lo es el Aikido, no es simplemente agarrar a la otra persona, no, cualquiera puede agarrar sin tener contacto, pero no cualquiera puede tener contacto sin agarrar, toma tiempo, dedicación y frustración entenderlo, hare lo mejor que pueda para explicarlo como yo lo entiendo.

Cuando mantengo contacto con alguien me conecto con esa persona, siento sus movimientos, su intención, espero su acción, no me adelanto, no me muevo solo ni de cierta forma porque alguien me enseño que para tal o cual técnica debía moverme de tal o cual forma, por el contrario, espero que esta persona con su intención me indique el camino por el cual quiere que me mueva, no me opongo, no lucho, no me quedo, no me adelanto… simplemente me muevo con ella, avanzo si ella avanza, me detengo si ella se detiene y luego me vuelvo a mover hasta que el movimiento se vuelve un ente autónomo que me sigue llevando, hasta que la gravedad me llama y el suelo me abraza muy suavemente.

Una vez en un seminario le pregunte a Sensei lo siguiente: “Sensei, veo que cuando hace la técnica pareciera que se apoya en su uke, ¿estoy en lo correcto?” a lo cual él me respondió: “Así es, porque mi uke está vivo, somos como un trípode, yo soy dos de las patas del trípode y mi uke es la tercera, si me apoyo en él me va a soportar porque no quiere que le caiga encima…” en ese momento entendí muchas cosas, con un ejemplo tan simple (bueno, soy fotógrafo, y jamás se me había ocurrido entender esa conexión como un trípode), como el uke tiene que estar vivo todo el tiempo, como intenta recuperarse en cada oportunidad que tenga, como entrega de sí, como es un apoyo para su compañero, como le ayuda, como aprenden entre los dos y como, sin su presencia, todo se caería y el balance no se lograría.

Uke es una parte tan importante del Aikido como lo es nage, me atrevería a decir que es aún más importante, es quien puede corregirte sin hablar, quien te hace mejorar sin darse cuenta, quien te enseña que para funcionar adecuadamente dependemos los unos de los otros.

Disfrutemos siendo ukes, dejemos de ver esa labor solo como “el que recibe”, veámosla también como “el que da”, “el que comparte”, el que enseña”, “el que aprende”, “el que está” y “el que no está” también, “el que disfruta”, “el que rie”, “el que ayuda”, “el que vive…”

Escribiendo estas líneas sonrío y recuerdo las veces que he sido uke, mis comienzos cuando el suelo no era tan suave como lo es ahora (aunque hay días en que vuelve a ser igual de duro como cuando comencé) y espero con alegría el momento de volver a ser uke…

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